sábado, 4 de octubre de 2003

Fase de luna: Da fin a una risa incompleta


Cada noche de luna creciente Inés veía en sus sueños a 7 niñas que dormían sobre hojas de eucalipto, usando pijamas blancas con encajes barrocos y cuellos almidonados, lazos en la cintura y enredados entre el cabello negro y violeta. De ojos dulces, bocas apretadas y pies azulados por el frío. Las cubría con gruesas mantas de algodón prensado y paseaba entre ellas cantando con voz de gaita.

Despertaba al primer brillo que traspasaba su ventana sin cortinas y en la cocina preparaba jugo de naranjas agrias y waffles con cajeta envinada. Los devoraba sentada en el piso de su balcón. Recordaba su sueño sincrónicamente lunar y suspiraba al ritmo de una solitaria melodía celta.

Una tarde de invierno lo conoció. Y la llegada de Santiago a la vida de Inés rompió la cadena onírica. Él apareció en su vida y las niñas se mudaron de sueños. Personajes egoístas y protagónicamente caprichosos que fueron incapaces de compartir.


Ella extrañaba la magia de las 7 dormidas de bocas apretadas. La de ella buscaba imitarlas. Una media sonrisa era retenida por la antisoledad en sus desayunos, el acompañamiento con voz de lluvia de otros suspiros, el fin a la búsqueda del amor, el abrazo. El beso.


. . . Esta noche de luna creciente ellas volverán.

Insomnes por la ausencia de una gaita arrulladora aprendieron la humildad. La lluvia sonora entrará en la visión. Momentos REM compartidos.

Las 9 bocas se abrirán en una risa completa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario