lunes, 2 de abril de 2007

Auch

Estuvieron buenos los destajos. De alguna retorcida manera me gustaría que así fuese, decir que mis últimas compras no han sido producto de interminables horas preguntándome "qué demonios hago acá" sino de un movimiento bajo la mesa que llene mágicamente mis bolsillos de dinero y de manchas mi conciencia (¿más?). Lástima que no ha sido así, todo mi dinero ha sido obtenido de la manera más honestamente aburrida posible.

La semana pasada fue, si le pongo color, negra. Peleas por todos lados, mi celular rebotando en la calle y rayándose a un mes de nuevo y mi cartera perdida. Así como los 600 pesos, la tarjeta de nómina, la del cine y la credencial de elector estoy yo, lejos de mí.

He platicado con dos personas contándoles casi toda mi verdad, a una le comenté la mitad que más me avergüenza y a otra la mitad restante, no podría contar el entero completo a un solo sujeto. Tampoco repetiría esa acción, si abrí la boca fue circunstancial. Sentir que en este momento puedes abandornar todo tres meses sin que nadie se entera hasta que ese lapso termine es una idea sofocante. Mis dos escuchas fueron miniválvulas.

Hace rato, sentada en una jardinera afuera de mi oficina, me sentí totalmente abatida, en este momento no tengo a nadie a quien telefonearle y decirle "hey, auxilio, esta vez no sé qué hacer". Hay personas que a su modo me quieren o me estiman, eso lo sé, pero es como si sólo llegaran a rascar mi cascarita sin poderla remendar después.

Algo patético que la única forma de alivianarme sea escribir acá.

Sí, hoy el mundo es bastante gris para mí.

El drama total.

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