domingo, 13 de noviembre de 2005

Ni siquiera en mis sueños canto afinada.

No hay nada más triste que un domingo (en la tarde) en silencio, y una moto con un sonido que se acerca, permanece y se va. Los motores son cantos de ballenas, solitarios son lastimeros para mi corazón. Recuerdan mi encierro y la forma en que me rehuso a vivir sin preocuparme por el fututo. Si salgo gasto dinero que por ahora no tengo y si me quedo comienzo a hacer cuentas que incluyen un abrigo nuevo, una cama y la elección entre dos lugares para mudarme.


Esta cosa de crecer no es justa, esta cosa de la independencia no me provoca celebración, fuegos artificiales ni cenas. Me divierte el latte caramel y los cines cuando hay silencio. Las distancias y el no saber si regresarme a casa o no me provoca pesadillas.

Algunas veces sueño que canto, en otras sueño a gente que he conocido en el pasado, gente sin relevancia importante. No sé por qué.

1 comentario:

  1. A veces, los domingos por la tarde es un infierno... son por lo general momentos de despedidas seguidas de una soledad profunda... al caer la noche con las luces de los autos y de las calles me siento un poco mejor.

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