Qué feo estar en los treintas y escuchar a veinteañeros quejarse de su vejez. Es tiempo de reflexionarlo y actuar en favor de aquellos en los cuarentas que se topen con mis desventuras y quejas de las primeras canas.
Quiero detener mi tiempo y ver cualquier versión de Spider-man y sentirme tan joven como Peter Parker, el nerd, el recatado skato y el fuerte, como la actriz Mary Jane o la inteligente Gwen. Creo que nadie quiere sentirse identificado con la tía May, quizá si fuese Meryl Streep quien en todo caso anhelaré en tacones y moda como en The devil wears Prada, o mejor aún con una cara envidiable y acorde a su edad con una familia y una cafetería de ensueño en It's complicated.
Pero querida hermana, me digo, la vida no es una película. La vida es aquello que sucede mientras esperas el siguiente estreno de la película que haga distraerte de ese reloj de arena que amenaza con vaciarse. O no, no es tan simple, no es tan triste y/o no es tan fatídico aunque sí inevitable.
