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jueves, 4 de noviembre de 2010

Conformismo aceptado.

El verdadero terror es sentirme derrotada ante las circunstancias, lo acabo de descubrir, el conformismo puro, la aceptación a preservar un estilo de vida es lo que aplasta todito mi ser. Aún cuando pareciera lo contrario ya que no me distingo precisamente por ser una persona activísima, si alguien pudiese recriminarme me defendería diciendo que mi físico permanece quieto mientras mi deseo se conserva en una eterna indecisión.

En un capítulo de How I met your mother que acabo de ver, los protagonistas entran en un estado parecido, en el que viven situaciones que no eran las que consideraban ideales en sus épocas de juventud e inocencia perpetua. Cuando por fin comienzan a aceptarse en un rumbo distinto al que planearon, en especial el caso de Ted Mosby, resurgen oportunidades para enfocarse en la meta olvidada. Ahí es cuando aparece el dilema de dejar algo que se aprendió a querer, la elección entre el confort o el trabajo excesivo de un quien-sabe-si redituable reinicio.

En realidad no me encuentro en ese punto, casi siempre tengo varias oportunidades, pero ninguna abre la puerta exacta hacia el sueño dorado que debo confesar con algo de vergüenza he olvidado exactamente qué es. Quiero creer que eso no es totalmente malo, lo que conservo son los apuntes y ahora me toca volver a trazar el esquema, sólo que he aceptado que hay lineamientos de los que no me puedo deshacer.

Quisiera decir que he aprendido a ser feliz con lo que tengo, tema que traía en mente cuando comencé a escribir, pero si quiero ser totalmente sincera, confieso que estoy terminando estas líneas sin distinguir la frontera exacta entre conformismo o adaptación. Claro que a estas alturas de la vida este hecho me aterra, ya no soy una joven promesa, pero vamos, esto no se acaba hasta que se acaba y el letrerito de FIN afortunadamente todavía no me llega, si así fuese preparen una nutella de 5 kg. que eso quiero que me pongan en mi ofrenda, apréndanselo muy bien.

martes, 7 de septiembre de 2010

De trabajo y viajes en carretera.

La semana pasada fue una semana que no veía terminar, todo porque el fin de semana anterior fue suprimido, así de un tajo, con la simple orden del jefe para trabajar sábados y domingos todo cambió.

El trabajo que tengo actualmente es bastante tranquilo, a comparación del que tenía hace más de dos años, así que cuando ocurrió el cambio pensé que no lo aguantaría, pero algo el organismo debe funcionar con un tipo de memoria que se acostumbra al ritmo de trabajo requerido.

En esta ocasión el esfuerzo físico no era tanto, todo se realizaría en una oficina con aire acondicionado y la libertad de llegar un poco tarde después de un pequeño recorrido en carretera y un almuerzo calórico y azucarado (del que aún sufro las consecuencias). Llegábamos, trabajábamos, pedíamos tiempo para ir a comer y descubrí que en ese pueblo mucho más pueblo que en el que habito la única diversión consiste en tomar caguamas en las especies de miscelánea/fonda/bar que existen. A pesar de que la mayoría de las casas ostentan una antenita de Sky lo hacen para sintonizar La Rosa de Guadalupe o capítulos viejos de Mujer :Casos de la vida real, ese sin duda es otro tema.

Al final del día teníamos que regresar, iba con un compañero al que le tocaba manejar cansado y somnoliento. Hecho por el que el último día salió mi lado Hulk cuando llegaba la medianoche, comenzaba a llover y no nos íbamos por cambiar unas simples notas en unos simples planos.

En esa discusión la persona que nos revisaba dijo que si no era más importante el trabajo que dejábamos a lo que contesté que un seguro y rotundo NO. Creo que ahí las otras dos personas perdieron algo del respeto hacia mi, siempre nos comentan que debemos dar una imagen profesional y altamente responsable. Yo no puedo evitar un poco de vergüenza al admitirlo, pero hace ya un tiempo creo que hay cosas mucho más importantes que un trabajo y que me disculpen pero mi seguridad es una de ellas.

En el camino de regreso yo no tenía ni humor para tratar de mantener despierto con mi plática al que iba en el volante. Cinco minutos después de salir del pueblo los hechos me dieron la razón de una forma que no podría alegrarme para nada, pasamos al lado de un auto bastante dañado por un choque, no alcancé a ver detalles ni lo busqué, ya había gente que ayudaba alrededor y parece que no pasó de un susto, pero, ¿qué pasaría si por acabar algo que podría haberse mandado por correo electrónico unas cuántas horas después el accidente estuviera de nuestro lado?

Tengo un gran conflicto con los automovilistas y su excesiva confianza en que nada les pasará aún cuando manejen alcoholizados o cansados al extremo. Las estadísticas demuestran lo contrario. "Nunca me ha pasado nada"... hasta ahora, la excusa más simplona que me pueden dar. Llámenme exagerada. En eso, sí, vaya que sí acepto mi exceso de precaución.

El chiste es que pasaron nueve días de esos donde se trabaja más de 12 horas. ¡Ah!. ¡Qué recuerdos!, ¡Qué tiempos!. Esos que no extrañaré.

¿Y mi cerveza 'apá?

martes, 24 de agosto de 2010

Remedios simples.

Para llegar a mi trabajo tomo el transporte público y recorro aproximadamente 500 metros caminando. A la hora de la comida tomo un taxi porque el sol está a todo lo que da y prefiero gastar unos pesos a maltratar aún más mi pobre piel. En todo tipo de recorridos uso audífonos con la música que tengo cargada en el iPhone o una estación de radio mexicana que acabo de descubrir y me hace feliz. Me he dado cuenta que todas las personas que viajan solas (recorridos largos o pequeños) comparten ese comportamiento. Llevamos la música por dentro, o al menos de acompañamiento permanente.

Alguna vez leí a alguien que ansiaba llegar a su casa para escuchar un disco nuevo que esperaba con anticipación, se negaba a hacerlo sin poner la atención necesaria a la música y dejarla como un simple acompañamiento. Al principio este comentario me pareció exagerado y me rehusé a adoptarlo alguna vez. Hasta hace un par de días mientras trabajaba, cuando sentí que un hastío arrollador me invadía, era cansancio con dolor de cabeza y ganas de darle una patada a la computadora para salir corriendo de ahí. Aguanté como las grandes hasta que terminó la jornada.

A la hora de la salida estaba a punto de sacar los audífonos cuando levanté la vista de mi bolso y aunque suene totalmente cursi, vi el panorama completo, en una especie de postal. Sentí que los ojos y los oídos se destapaban, la liberación del enfrascamiento en detalles (esos que siempre me agobian) para explorar lo macro, por llamarlo de alguna manera. No fijé la vista directamente en las placas de los carros, los zapatos de las personas o los letreros de los comercios, bueno sí lo hice por precaución peatonal, pero le di una oportunidad a la fotografía completa.

Dejé guardado el teléfono y dediqué una hora de mi tiempo sólo a caminar y escuchar el sonido ambiental. Me liberé de la dictadura auditiva autoimpuesta y me rendí a lo que se me ofrecía. Poco a poco la calma llegó a mi.

Creo que uno nunca sabe lo que podría aparecer en el horizonte y yo quiero darme cuenta antes que nadie, en primera fila y sin distractores.



Dejé los audífonos no por excentricidades melomaníacas sino en búsqueda de eso que algunos llaman paz. Ahora trato de no llevarme el mismo esquema audiovisual de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. No he dejado de lado que algunas veces el soundtrack personal es necesario, pero intento, por qué no, dejarme llevar por el mundo, que de vez en cuando alguna cosa buena debe ofrecer.

sábado, 22 de mayo de 2010

Los cínicos también pueden amar.

You're not my dream girl.
You're not my reality girl.
You're my dreams come true girl.

Es la frase de canción más bonita, cursi, emotiva, ay amor que he escuchado estos días.

Podría decir que cualquiera caería a los pies de quien le dedicara a uno semejante pensamiento, pero la verdad es que el mundo está lleno de cinismo y al formar parte del club sería hipócrita calificar a quienes los fans incondicionales from hell les da igual como sincorazón. Favor de no tomar como presunción lo anterior, que seguidores así no he tenido, pero la idea es esa, escondida y relatada entre líneas mal resueltas.

Los días de regreso en mi casa suceden suaves, escurriéndose en el calor más aterrador de varios años y aun así con calma (fíjense nomás). Encontré un trabajo tranquilo y para nada estresante, es provisional y me permite cambio de planes. Esos que no tengo y no busco, pero la posibilidad de la no eternidad me refresca (mental y no físicamente, qué más quisiera yo).

El asunto del cortejo, dedicación amorosa, alegrías y tristezas en pareja me ha llegado a través de varias pláticas con amigas y con frecuencia sorprende lo poco que cambiamos al crecer. Ahora que los 29 me pesan me siento más distante que nunca de ellas; me hablan, escucho con interés y opino por el afecto que nos une. Entenderlas y adueñarme de sus historias es harina de otro costal y me resulta lejano como nunca.

Es la edad, digo yo, cuando era adolescente hubo hasta maestros que le comentaran a mi mamá "ten cuidado porque es demasiado niña" advertencia que no acabé de entender, en mi mente si no hay una rubia que me esté sonsacando no existe el peligro. Luego entonces creo no existe más explicación que estoy envejeciendo y no a velocidad normal sino a 16x, porque corazón si tengo, si no me creen escúchenlo cuando pega de brinquitos cada vez que escucha esta LA canción.




miércoles, 5 de mayo de 2010

Los viajes que se hacen.




Viajar no resulta siempre perfecto, ni fácil. A algunos parece que se les da de manera natural ir de una esquina del mundo a otra. La forma esferoide del planeta impide la existencia de esquinas, pero la idea es esa.

A otros se nos permite ir unos cuantos kms. más allá de la casa, como una probadita de lo que puede ser si se le echa más ganas. A mí me han tocado pocas y no siempre al lugar más anhelado, pero sí con un resultado amable. Como ejemplo tengo el mes de abril, donde habité en la ciudad más violenta del mundo, dicen, y es ahí donde parece que la vida sigue igual pero no.

La gente continua trabajando, estudiando, fracasando, queriendo y todos los gerundios que un promocional siéntete orgulloso de ser mexicano puede abarcar, el hecho es que la presencia de la violencia se nota, en las pláticas, en la cancelación de viajes por carretera y sobre todo en el paso de que los hechos violentos van mutando de impresionantes a cotidianos.

Al final debo decir que no conozco tantas personas de esa ciudad, ni salí tanto para comprender el fenómeno completo. A mí tan solo me tocó regresar a un lugar que ya no representaba ninguna oportunidad para mi. Hace 5 años fue diferente, me di el lujo de ir de un trabajo a otro y luego regresar al primero, las circunstancias se presentaron para vivir en una zona bonita y demás. Ahora, la edad adulta me dice que no hay que dejar tanto a la suerte, de alguna forma aplicar lo del trabajo arduo, el pan resultado del sudor y toda esa alharaca que inspira después de ver el dvd de Rudy y luego se convierte en qué poquitos anuncias de clasificados hay.

No todo es seriedad y sentencias de situaciones que no puedo explicar. Quedan los buenos recuerdos, las fotografías, el presente que se vivió y el futuro que por qué no, puede ser mejor.


sábado, 20 de febrero de 2010

Dejar el nido.

Llevo varios días pensando en la idea de independenciay que a mis casi 30 años no me resulta tan cómodo depender de mis padres. El no y el tan son agregados porque estar en casa tiene las mejores ventajas del mundo, nunca estar solo, tener comida casera, ropa limpia y una recámara con tv e internet que no debo pagar, ahí es donde los contras entran al desquite, el principal es estar en la lista de aquellos que no se fueron, y eso en una ciudad pequeña tiene una gran etiqueta de fracaso.

Hace años me fui a estudiar en otra ciudad, ahí reforcé el gusto por la soledad, siempre con el arnés invisible de la familia que no dejaba caer, sobre todo cuando no trabajaba y cada semana aparecía como por arte de magia dinero en mi cuenta. Lo más independiente que hice fue decidir gastarme ese dinero en un papel carísimo e inecesario para un trabajo que pudo realizarse con uno diez veces más barato o en escoger unas ruffles con queso y un frasco de nutella para comer (anemia y peso extra a mí).

Después el primer regreso a casa.

De ahí el primer salto lejano, al norte, aquello que parecía una simple semana de vacaciones se convirtieron en 8 meses en un ambiente distinto al que estaba acostumbrada. Un trabajo algo monótono pero gente agradable que me ayudaba a pasarla bien. Intenté a aprender a manejar, me resistí a cambiar mi refresco por su soda pero no pude escapar a que el acento golpeadito se pegara al mío, al cantadito que algunos de allá confundían con el chilango; o a que mi ciudad se perdiera por la idea de un mar para nada cercano. Estando allá llegó mi primera oportunidad de trabajar en lo que quería: construcción, pero tenía que volar hasta el sureste, al dichoso Caribe mexicano.

Fui a dar a una isla, donde aprendí que me faltaba el carácter para lo que en ese entonces creía era mi vocación, agarré fuerza de quién sabe dónde y resistí. Al año me regresaron al continente, la ciudad de vacaciones soñadas por excelencia, al menos de aquellos a los que les gusta la playa. Yo aprendía a querer el mar, y cómo no si a diario convivía con él, en el trabajo nos dedicábamos un poca destruir la naturaleza, digo sin no mucha vergüenza, eso de tener condominios entre el mar y el manglar da una vista increíble, pero los cocodrilos jamás volvieron a salir con la misma frecuencia.

Un año más y el trabajo en la gran compañía se terminó y como regalo de consolación me ofrecieron un nuevo traslado, otra vez al otro lado del país y a otro mar. Deje ese cabo suelto y volví a casa.

Por segunda vez.

En el descanso se atravesó una vesícula inservible, una operación, algunos kilos de menos que después recuperé y muchas entrevistas en el Distrito Federal, la ciudad más grande y cercana al hogar. Aprendí que el metro y google maps eran mis mejores amigos y logré entrar a un despacho pequeño con ambiente más agradable, tuve un jefe que hizo algún comentario de mi nombre y la relación con la religión que profesa para terminar en una plática sobre las elecciones para presidente en EU. Al final las cosas no resultaron como se planearon y volví a casa a encontrar un pequeño ingreso que por no pagar renta, transporte ni alimento resulta similar al que tendría viviendo en otra parte. Al fin de cuentas los mexicanos nos excusamos en la falta de oportunidades y la tradición familiar para quedarnos en casa.

Ha pasado más de un año y la no adolescente (adulta debería decir) en mí sabe que tiene que irse, que aquellas veces en que he conseguido trabajo pero el miedo a vivir con el dinero justo ya regresar a una casa donde nadie me espere debe terminar. Las cartas se han echado decenas de veces y siempre he optado por rechazar el juego, supongo que esto no puede continuar al infinito.

Es solo que quisiera hacerlo por algo que valga la pena, un fin mayor, saber que arriesgaré la comodidad por algo que me guste, no se si sea por la vocación, por el dinero, por la compañía o por descubrir horizontes. Sé que es hora, pero eso de encontrar rumbo y tomar vuelo lleva mucho más tiempo de lo que pensé.




lunes, 11 de enero de 2010

Once días después.

Van once días del año y sigo en la tranquilidad, no llegó la tristeza post-festividades y sí un trabajo que me deja mucho tiempo, un clima agradable y un concierto perdido. Ajá, lo último arruina un poco la felicidad experimentada, se supone que estaría atenta a la llegada de Kashmir a México, pero se me pasó la venta de boletos y bu, lloraré sentada en una piedra.

Hay planes pequeños, como no dejar empolvador mis dvd's de yoga, caminar, tejer más que bufandas, un par de viajecitos, ver y escuchar más. Pasos sutiles que me acompañarán a un destino que quiero y sé que será, sin necesidad de aferrarme a dramas y lagrimeos.

Hace unos días El hombre elefante me pasó un artículo llamado 5 razones por las que no eres feliz y con muchita vergüenza reconozco que yo caigo en todos los puntos, no alarma, aprovechando que estoy de buenas ando en el proceso de mejorar todo.

Aunque tengo listas que cumplir y no puedo evitar hacerlas (además de que no debo) ahora entiendo que no tengo que cumplir cada punto para ser feliz, ya sé que puede sonar a terapia barata pero funciona eso de disfrutar el momento. Resulta que trato de subir la mirada para dejar de enfrascarme en los detallitos que no me gustan, ya me estaba hartando de buscarle a todo un rayón, manchita y desperfecto.

Propongo decir ohm y sonreír. Se vale apuntarse.

viernes, 8 de enero de 2010

2010.

Llegó el 2010 hecho carrerita con reencuentros para el corazón (aw) y a pesar de ser 6 años más viejos se siente como el primer día. El 6 de enero todo desaceleró, mientras un avión despegaba hay nuevas promesas (o vueltas a hacer) y ganas de disfrutar la lentitud. El afán de moverme más rápido de lo que se me atraviesa se ha ido a descansar.

Es un cliché pensar en el año nuevo como una libreta de hojas blancas listo para dibujar, escribir y ensuciar lo que yo quiera, lo sé, pero así lo veo. Apenas voy tomando vuelo, tengo ganas de regresar al norte, de aprender francés aunque el inglés me vea con recelo porque nomás lo invito a pasear cuando me hace falta y a (re)descubrir una vocación.

Los momentos preferidos son en lugares confortables, así que estoy remodelando mi hábitat. Escojo texturas esponjosas y colores que cambien cada estación, o día, o ánimo, o qué se yo. Voy por mi cucharada gigante de nutella y esto último puede ser metáfora o no.
¿Qué hora es?

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Insomnio y cine.

Otra vez el hábito del sueño está patas pa'rriba. Duermo pocas horas en la noche y las siestas son demasiado largas para considerarme una persona productiva. Diría que es el frío del otoño pero acá las estaciones deciden no disfrazarse ni diferenciarse mucho unas de otras. Aunque sí, las noches son más frescas y en las tardes la luz es tan ámbar que provoca estar en mi cuarto para que la piel se ponga tibia, algo naranja y se marque con las arrugas del cobertor. He ahí mi excusa.

Hoy cumpliré tres días seguidos de ir al cine, creo que es una nueva especie de récord a los dos días seguidos del fin de semana reglamentaria. La película del viernes fue una no sé por qué traducida como Los fantasmas de Scrooge cuando A Christmas Carol ha sido siempre Cuento de Navidad desde Los picapiedra hasta Rico McPato. Pensé llevar a mi sobrino para verla, pero su mamá me advirtió que el control hacia el miedo no es su fuerte. Creo que fue una buena decisión porque en esta versión trataron de hacer un acercamiento fiel al cuento escrito por Charles Dickens, con un Scrooge más detestable y con mayor énfasis a la problemática planteada por el autor, el contraste de los ricos con los pobres y su explotación acentuada en su época, en el inicio de la revolución industrial.

Ayer fue el blockbuster del otoño, 2012 y su ya antes vista del fin del mundo. Hoy será New Moon que a pesar de ser una de sus principales detractoras no puedo evitar seguir la ola que me arrastra hacia el duelo entre Edward y Jacob.

Hoy tendré otro desvelo y no me queda más que esperar el fin de semana para tratar que mi reloj biológico vuelva a funcionar.