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sábado, 20 de marzo de 2010

...But the everyday just can't compete with the beauty of a polariod




Los días pasan y parece que nada cambiará, es lo que se desea, lo que se prepara, se impulsa y se corre. Hasta darse cuenta que un tobillo estaba amarrado a algún tipo de centro malvado y la meta que se creía cercana está igual de lejos que en un principio y te das cuenta que corrías en círculos. Una enorme gota tipo anime se siente detrás de la cabeza o en su defecto la cara se convierte en una enorme paleta con el letrero sucker, aquello que el coyote se sabía momentos antes de caer al abismo. La ventaja es que parecemos tener mil vidas como él, aunque nuestra diferencia es que sí envejecemos.

Algunos dicen que debo aprender y madurar, que la vida es de retos y yo no puedo entender la idea de apechugar esa inconformidad. He buscado una y mil maneras de hacerlo, mil y un veces termino con el corazón roto y fatigado. Vuelvo a empezar pero algo se descompone en el sentido común porque elijo el mismo camino que me llevó al fracaso.

¿Entonces cómo es la onda? ¿Se vive lo real y se refugia en la belleza de la virtual, lo intocable y lo efímero? ¿En el intermedio del pedazo de pastilla que se toma para saber la realidad pero con el chance de volver al letargo?.

Creo que no es así, y en los sábados por la tarde mi optimismo sale a flote para darle una patada en el trasero a mi decepción y decirme con la misma voz juvenil: Anda vuelve a intentar.

sábado, 20 de febrero de 2010

Dejar el nido.

Llevo varios días pensando en la idea de independenciay que a mis casi 30 años no me resulta tan cómodo depender de mis padres. El no y el tan son agregados porque estar en casa tiene las mejores ventajas del mundo, nunca estar solo, tener comida casera, ropa limpia y una recámara con tv e internet que no debo pagar, ahí es donde los contras entran al desquite, el principal es estar en la lista de aquellos que no se fueron, y eso en una ciudad pequeña tiene una gran etiqueta de fracaso.

Hace años me fui a estudiar en otra ciudad, ahí reforcé el gusto por la soledad, siempre con el arnés invisible de la familia que no dejaba caer, sobre todo cuando no trabajaba y cada semana aparecía como por arte de magia dinero en mi cuenta. Lo más independiente que hice fue decidir gastarme ese dinero en un papel carísimo e inecesario para un trabajo que pudo realizarse con uno diez veces más barato o en escoger unas ruffles con queso y un frasco de nutella para comer (anemia y peso extra a mí).

Después el primer regreso a casa.

De ahí el primer salto lejano, al norte, aquello que parecía una simple semana de vacaciones se convirtieron en 8 meses en un ambiente distinto al que estaba acostumbrada. Un trabajo algo monótono pero gente agradable que me ayudaba a pasarla bien. Intenté a aprender a manejar, me resistí a cambiar mi refresco por su soda pero no pude escapar a que el acento golpeadito se pegara al mío, al cantadito que algunos de allá confundían con el chilango; o a que mi ciudad se perdiera por la idea de un mar para nada cercano. Estando allá llegó mi primera oportunidad de trabajar en lo que quería: construcción, pero tenía que volar hasta el sureste, al dichoso Caribe mexicano.

Fui a dar a una isla, donde aprendí que me faltaba el carácter para lo que en ese entonces creía era mi vocación, agarré fuerza de quién sabe dónde y resistí. Al año me regresaron al continente, la ciudad de vacaciones soñadas por excelencia, al menos de aquellos a los que les gusta la playa. Yo aprendía a querer el mar, y cómo no si a diario convivía con él, en el trabajo nos dedicábamos un poca destruir la naturaleza, digo sin no mucha vergüenza, eso de tener condominios entre el mar y el manglar da una vista increíble, pero los cocodrilos jamás volvieron a salir con la misma frecuencia.

Un año más y el trabajo en la gran compañía se terminó y como regalo de consolación me ofrecieron un nuevo traslado, otra vez al otro lado del país y a otro mar. Deje ese cabo suelto y volví a casa.

Por segunda vez.

En el descanso se atravesó una vesícula inservible, una operación, algunos kilos de menos que después recuperé y muchas entrevistas en el Distrito Federal, la ciudad más grande y cercana al hogar. Aprendí que el metro y google maps eran mis mejores amigos y logré entrar a un despacho pequeño con ambiente más agradable, tuve un jefe que hizo algún comentario de mi nombre y la relación con la religión que profesa para terminar en una plática sobre las elecciones para presidente en EU. Al final las cosas no resultaron como se planearon y volví a casa a encontrar un pequeño ingreso que por no pagar renta, transporte ni alimento resulta similar al que tendría viviendo en otra parte. Al fin de cuentas los mexicanos nos excusamos en la falta de oportunidades y la tradición familiar para quedarnos en casa.

Ha pasado más de un año y la no adolescente (adulta debería decir) en mí sabe que tiene que irse, que aquellas veces en que he conseguido trabajo pero el miedo a vivir con el dinero justo ya regresar a una casa donde nadie me espere debe terminar. Las cartas se han echado decenas de veces y siempre he optado por rechazar el juego, supongo que esto no puede continuar al infinito.

Es solo que quisiera hacerlo por algo que valga la pena, un fin mayor, saber que arriesgaré la comodidad por algo que me guste, no se si sea por la vocación, por el dinero, por la compañía o por descubrir horizontes. Sé que es hora, pero eso de encontrar rumbo y tomar vuelo lleva mucho más tiempo de lo que pensé.




viernes, 9 de enero de 2009

2º fin de semana.

Se me había olvidado qué cosa era el cansancio, aunque no lo recuerdo del todo, hay trabajo pero no tanto, es más bien aprender cosas que antes no me interesaban, leer no-ficción es una de mis no-virtudes.

Por segundo año no se me hizo conocer la pista de hielo del df.

Los regalos en día de reyes ya no son para mí , mi sobrino no se ve con inteciones de prestarme su nintendo ds y creo que por eso anda tan abrazador.

He tenido sueños donde gente que no veo desde hace más de 5 años regresa, y también he reencontrado a aquellos que se fueron sin decir adiós. Otros regresan a la isla de donde huí.

Esta vez no he intentado hacer maletas, a veces me dan ganas de hacerlo y otras, las más me quedo quieta y luego me da sed, o sueño, o ganas de jugar pet society aunque mi mascota vive en la miseria desde que el truquito que me sabía para ganar monedas ya no se puede hacer.

Hace una semana aprendí a dar un tipo de vuelta al bailar, progreso grande para mí, las clases siguen suspendidas hasta que la vergüenza se tome unas vacaciones.

Comienza el fin de semana y por ahora no tengo mucho que pedir.

: )

lunes, 30 de abril de 2007

Niño

Esta foto la puse hace años este mismo día, pero no me importa reciclar, hoy me quiero celebrar.

diploma & me


Felicidades también a mis niños favoritos: Javier, Sebastián y Rodrigo.

De una vez a todos.

Abrazos muchos.