Alguien nombra a los blogs y regresan las ganas de revivir al pequeño zombie. Los zombies siguen de moda, aunque los que odian lo mainstream piden su muerte inmediata. Mejor comparación no encontré. Por esa falta de imaginación es que no me dedico a contar cosas, quizá.
A veces me asomo a las publicaciones pasadas y me avergüenza un poco el drama. A pesar de que me defino como intensa en asuntos sin importancia creo que un poco de madurez debió llegar a mí. La verdad es que esa madurez no es aceptada por el miedo a envejecer.
El kidultismo colgado en la pared como el retrato de Dorian Gray.
Envejecer no va ligado, necesariamente, a dejar de ser un idiota pero en mi caso me ha dejado ser más fluida, resbalar por la vida sin tanta fricción. No siempre lo logro pero sí con mayor frecuencia. Al final no fue tanto porque volví a darle una vuelta al blog, ese que tiene mi lado angst.
viernes, 10 de julio de 2015
jueves, 2 de abril de 2015
Begin again
La segunda película relacionada con la música dirigida por John Carney. Keira Knightley y Mark Ruffalo son la cereza en el pastel para terminar de dar el paso desde las películas indies a una con mayor producción, curiosamente ese contrapeso que jalonea en la misma historia.
Le doy muchos puntos porque realmente me gustó, la mezcla perfecta de amor cursi entre los amores nuevos, los viejos, los amigos y la familia. Pero, ¿Quitarle el lugar a Once? aun no, esa tiene muy afianzado su lugar en mi top 10.
miércoles, 25 de febrero de 2015
Empatía
El sentimiento del elegido que tiene que sobrepasar la envidia o la maldad de los rechazados me parece una de las ideas más simplistas y peligrosas que puedan existir.
Tristemente es la formación que abunda en muchas corrientes que pretenden ser buenas pero solo matan la empatía por la simple razón de ser humanos. Ser empático o incluso bondadoso cuando hay recompensa o por miedo al castigo es una formación hueca que solo logra la exclusión y el odio.
Sobrepasar la individualidad, los lazos consanguíneos, la ficción de las religiones o de las nacionalidades hacia una comunidad global viviendo en el mismo planeta. Suena a utopía pero según este video no lo es, porque para que resulte necesitaría la noción de la mortalidad.
http://youtu.be/8Ro5CzSy0b4
Tristemente es la formación que abunda en muchas corrientes que pretenden ser buenas pero solo matan la empatía por la simple razón de ser humanos. Ser empático o incluso bondadoso cuando hay recompensa o por miedo al castigo es una formación hueca que solo logra la exclusión y el odio.
Sobrepasar la individualidad, los lazos consanguíneos, la ficción de las religiones o de las nacionalidades hacia una comunidad global viviendo en el mismo planeta. Suena a utopía pero según este video no lo es, porque para que resulte necesitaría la noción de la mortalidad.
http://youtu.be/8Ro5CzSy0b4
lunes, 26 de enero de 2015
Nightcrawler
Mientras veía Nightcrawler recordé American Gods de Neil Gaiman donde los medios pueden ser los dioses de la actualidad. Si fueran personas tendrían claros rasgos sociópatas.
Dar la nota es lo importante. La empatía hacia las tragedias suele borrarse para creernos afortunados mientras vemos la nota roja, desayunamos jugo de naranja y pensamos "suerte que no fui yo".
Jake Gyllenhaal dirigido por Dan Gilroy logra un personaje que lo mantiene en el top de los actores de su edad. Las tomas de los suburbios de Los Ángeles en la noche me parecieron melancólicas y sacando la belleza de la fealdad que existe en ellos.
Urbana, mediática y con un ritmo que mantiene la atención en todo momento.
Wild
Wild es una especie de road pedestrian trip (¿uh?) donde la interpretación es simple pero poderosa, tan simple que no ahondaré en ello pero conecta con esa parte en que todos perdemos, así es, el camino.
Hasta la final de la película vi que es una novela de Nick Hornby y qué bueno porque había amado About a boy y High Fidelity pero A long way down me había roto el corazón por lo mala que es. Aquí entra de nuevo a mis favoritos y le digo que no se vaya más.
Ahora sólo quiero volverla a ver en cine porque tengo corazón de papá, ese que dice "tiene bien bonitos paisajes" y saben qué, a veces los padres tienen mucha razón (sino pregúntenle a la protagonista).
Boyhood
Richard Linkater repite la fórmula de contar una historia en tiempo real. La infancia que se abandona a los 18 años ocurre con mayor claridad para el público estadounidense, porque vamos, en sociedades como la nuestra los hijos podrán tener 30 años y seguir viviendo con los papás.
Esperar 12 años para filmar el envejecimiento natural de los actores (mucho más impactante en los niños) resulta interesante como ejercicio, aunque desde mi punto de vista no aporta mucho a la historia. Pero se aplica el dicho (medio violento) de que "quien pega primero, pega más fuerte".
Bonita pero quizá no para todos los gustos, si odian las películas donde parece que "no sucede nada" quizá deba pasarla de largo. Si son de biorritmo lento y vouyerista de vidas ajenas para apropiárselas como yo, quizá la disfrute.
Lo más rescatable, aparte de ver crecer a los niños son las actuaciones moderadas y por lo mismo nada fáciles de lograr. Mi favorita: Patricia Arquette.
Yo quiero ser los colmillitos de Patricia Arquette.
Y ya, fin.
sábado, 11 de mayo de 2013
9 meses que no se pasan volando.
Leía un blog donde alguien compartía su recuerdo de un niño inglés con papada hablando sobre un libro. Ese acto de nostalgia robada me hizo saltar a otro blog que me tenía entre sus ligas de interés (old fashioned) y en la columna derecha un letrero pequeño con una etiqueta de 9 meses me recordaba que ingratamente he ido desintegrando lo que a mis 22 era lo mejor que me podía pasar.
En un par de semanas tendré que ir a Barcelona, y esa pequeña connotación de obligación siempre se lleva al traste toda mi personalidad. El miedo al compromiso y una posterior decepción. Debí nacer para poder hacer lo que quiera sin preocuparme, pero algo se torció en el camino y así soy ahora. Me iré con miedo y un poco de ilusión. Quizá me queden unos días para volver a París, aún no lo sé. Engaño para turistas bobos o no me da una ilusión. Un bálsamo de pequeño poder ante la obligación.
Detesto las obligaciones, debo confesar y además he olvidado cómo hacía para andar por acá dejando párrafos y párrafos de preocupaciones y simplezas, esas que muy bien se me dan.
jueves, 26 de julio de 2012
No a los años acumulados.
Qué feo estar en los treintas y escuchar a veinteañeros quejarse de su vejez. Es tiempo de reflexionarlo y actuar en favor de aquellos en los cuarentas que se topen con mis desventuras y quejas de las primeras canas.
Quiero detener mi tiempo y ver cualquier versión de Spider-man y sentirme tan joven como Peter Parker, el nerd, el recatado skato y el fuerte, como la actriz Mary Jane o la inteligente Gwen. Creo que nadie quiere sentirse identificado con la tía May, quizá si fuese Meryl Streep quien en todo caso anhelaré en tacones y moda como en The devil wears Prada, o mejor aún con una cara envidiable y acorde a su edad con una familia y una cafetería de ensueño en It's complicated.
Pero querida hermana, me digo, la vida no es una película. La vida es aquello que sucede mientras esperas el siguiente estreno de la película que haga distraerte de ese reloj de arena que amenaza con vaciarse. O no, no es tan simple, no es tan triste y/o no es tan fatídico aunque sí inevitable.
Qué se yo. Hoy iré a una premiere y quizá desee ser Catwoman, de la que no sé su edad. Anne Hathaway puede esperarme tantito sin botox aunque con su dieta macrobiótica para decir, vamos me veo más joven que tú y yo diré, nah, todas se quitan la edad.viernes, 8 de junio de 2012
Yo negaba que mi color favorito seguía siendo el morado.
Era no dejar la adolescencia. El rojo es común, el amarillo empalidece. Negro para esa adolescente que aún sigue en mi. La que se acurruca en época de frío y ciertos días duerme sin soñar hasta que los párpados se hacen tan gordos que permanecer con los ojos abiertos es la consecuencia.
Hablar de otra persona y disfrazarla de uno. O disfrazarse y fingir que la historia no es mía.
Me gusta el morado y los colores de moda, teal le dicen. Entre azul y buenas noches.
Quiero un piso de madera o la cerámica que lo imita. La imitación de materiales no es lo más elegante del mundo, pero este es tan bonito y tan resistente que llama el lado de señora en cocina con la confianza de derramar agua sobre él sin que se hinche.
Terminé el libro ya no tan de moda, ese de los hombres que no amaban a las mujeres que usaban cerillas sobre bidones de gasolina y no se qué más. Caí en el cliché de amar a Lisbeth y Mikael, ay tan simplista.
La complejidad es un concepto que no manejo muy bien. Lo complejo me provoca sueño y retorno a la inmadurez.
El color favorito no ha cambiado.
jueves, 31 de mayo de 2012
Fuimos.
Yo digo que quiero esto más simple. Fondo blanco, letras negras y más cosas que decir.
Yo digo que sí se puede.
La cosa es que las ganas duran lo mismo que el precio de la gasolina. Las ganas varían y los chistes empeoran.
Al fin vi a Sir Paul, y cantamos y lloramos y conocimos Guadalajara que nos recibió con los brazos abiertos y mucho sol.
Podría contar que mis pies quedaron morenos en algunos pedazos. Eso qué.
También podría decir que JAM se quedó triste por la media hora que tuvimos para conocer Tlaquepaque. Ya habrá otra ocasión, le dije y después le di un sorbo al tejuino que acababa de comprar.
Yo quiero creer que Paul le llora a su amigo John. Quizá lo tenga ensayado, yo que sé, me inventaré mi historia y formaré mis propios recuerdos. Ya lo he hecho.
Yo digo que quiero fuegos artificiales, como esos que me alegraron el corazón cuando le llegó el momento a Live and let die.
miércoles, 25 de abril de 2012
Is alive.
Mi casa del árbol, donde creo no volver jamás pero la añoranza me empuja a hacerlo de vez en cuando, una barridita acá, una sacudida de la cortina improvisada y hasta planes para volverla a sus mejores tiempos que de antemano sé no se harán realidad. Así suceden las cosas por este lado.
Las visitan son cortas, de doctor que envejece y no quiere consultar a domicilio, lo de hoy es hacerle competencia a las redes sociales/Dr. Simi, un tweet, un pin, rápidito barato, tómeselo y cúrese. No queda nada qué contar. No queda nadie a quién le importe qué queremos contar si se excede de un gif o 140 caracteres.
No hay tantas novedades, la vida no es la misma, parece pero la forma de sentir permanece igual, no sorprende, me reuniré con los nietos y pensaré qué bonito era entonces el pasado. El presente es un bien que me alegra al momento de hacerlo memoria.
Lo más relevante es que me perdí el concierto de los creadores de las canciones más representativas de mi soundtrack personal en los últimos 8 años, ay Pulp, tan cerca de los defeños tan lejos de mi norte impuesto por los caminos de la vida (esos que no son lo que pensábamos, no son lo que imaginábamos).
La buena noticia es que todo apunta que sí conoceré en forma de puntitito a través de pantallas gigantes al beatle favorito del muchacho de ojos chiquititos (ah la cursilería). Todos cantaremos, tomaremos una canción triste y como siempre trataremos de hacerla mejor.
lunes, 5 de marzo de 2012
En los primeros años quería ir a un colegio con falta tableada, suéter y calcetas a la rodilla. En el pueblo soleado eso era un mundo alterno. Un spiderman negro. Aplico una metáfora inexacta porque Venom es extraterreste pero creo que la idea puede entenderse.
Hoy quiero una ciudad llena de edificios, vitalidad, luces y con todo eso andadores peatonales, caminar al ritmo de una canción de comercial de telefonía celular repitiéndose a todo volumen en mi IPod.
Quiero meter comerciales a lo que escribo y ganar dinero.
El trabajo perfecto, casi como ganarse la lotería pero sin sentirse tan inútil para la sociedad, aunque eso de expresar ideas sin ningún sentido y sin estilo es lo mismo que rascarse el ombligo viendo la televisión.
Esos sueños superfluos que uno recuerda después de preparar palomitas y aún siguen calientes para poderse comer.
Quiero ganar millones, ser famoso, ser Ricky.
Que me amen
...Todos
sábado, 25 de febrero de 2012
Un hueco en el corazón que no se llena al terminar los créditos, aunque no los dejes terminar, salgas de la sala o apagues todo con el control remoto. Es hora de pararse del sillón y continuar con la vida real
Las películas que dejan un hueco en el corazón, dirán los románticos. La canción que una sentencia de muerte no deja terminar, los amantes con nombre capicúa que jamás se reencuentran, la chica buena que muere en el hospital acompañada de su entrenador.
Piensas que ha llegado la hora de volverlas a ver, metes el disco al reproductor y te detienes. El recuerdo regresa y sientes que aún no estás listo. Pulsas el botón de encendido y atiendes el llamado a comer. Al bajar las escaleras te sientes cobarde, cobarde y abatido.
El séptimo arte se ríe de ti.
martes, 24 de enero de 2012
De proyectos nuevos.
Regresar a una ciudad que antes te parecía interesante y encontrarla desoladora por pensar que jamás saldrás de ahí fue la sensación que tuve hace dos semanas. Pasaron los días y regresé a los pasos que me recordaron un poquito de felicidad. Descubrí que el frío y lluvia que de adolescente presumía como gusto no era verdad, no me disgusta confesar que mis huesos no tan jóvenes prefieren el calor. Que alguien le diga a mi yo adolescente que muero por unas vacaciones en playa, les apuesto que no les creerá, ah la ternurita.
Entre las cosas buenas de mudarse están los lienzos en blanco que se presentan, desde el lugar en el que uno vive y las revistas de diseño (sin contar que uno estudió algo que tiene que ver pero que la burocracia se llevó esa poquitita creatividad que parecía existir) hasta el modo de ganarse la vida y los periódicos, ofertas, opciones para retomar el estudio o no.
Los pequeños placeres son el antifaz frío para los dolores de cabeza; el cine con todo y prácticas de robo a boleto armado y las series de TV con todo y megaupload echado para abajo ayudan a no pensar en el frío y que no se sabe manejar y que el transporte público de la ciudad suckea, también usar mal las palabras, y diosito bendiga los foros, y el internet, y las redes sociales, y respirar, y el rock band (oh sí el rock band), practicar y no sólo ser espectadora de lo que se ve en Top Chef, y los programas de pastelería que no sirven sin batidora pero uno nunca sabe, y las llamadas por teléfono, y los poquitos amigos, y buscar, siempre buscar.
domingo, 8 de enero de 2012
Eran días comunes, cuando no se tenían deseos y la mañana comenzaba con un baño de agua fría. No era nada zen sino el trabajo que impedía una llamada al gas y la espera interminable entre en un rato se lo llevamos y la entrega final.
Usaba botas, jeans y una playera polo. El cabello mojado se secaba al alcanzar el asiento al lado de la ventanilla. La camioneta recorría un tramo de carretera y el camper se volvía su segunda casa. En la primera sólo se iba a dormir.
En esos días había risas, enojos y hasta pedazos de coral semienterrados en la arena. La mejor época era la invernal. El equilibrio perfecto entre una playa tropical y una brisa fría. Las risas y los enojos ocurrían en ecos, parecido al sonido que se logra al ducharse y tapar los oídos con los dedos, el golpeteo de una lluvia dentro de la casa sobre la cabeza.
Los días comunes pasaron. Se abandonó la playa, se regresó al hogar y otros ecos se construyen más fuertes. Ella dice que ahora está a punto de vivir una realidad. Quiere creer.
Cosas que apasionan.
Desde hace 20 años he aprendido que puedo volverme levemente obsesiva con cosas que me gustan, desde tarjetas de La Bella y la Bestia emitidas por Sonric's, pasando por grabar todos los capítulos de Candy Candy hasta memorizarme capítulos enteros de How I met your mother.
A lo largo de la vida está habilidad pudo servirme para cosas como planear mi boda, el viaje posterior o lograr puntajes altos en zombies vs. plants, pero a decir verdad no me ha funcionado en algo más "real" como conseguir una vocación.
El texto que acompaña en mi descripción es real, tuve calificaciones decentes a lo largo de mi carrera y en mi trabajo casi siempre he dejado una huella de responsabilidad, no en todos desafortunada y penosamente, pero esto va aunado al problema de que no encuentro cómo sacar provecho económico de algo que me guste a morir. Aunque no todo es hiel sobre hojuelas (por decirlo de alguna forma), he notado que las pequeñas tareas donde se necesita ordenas algo sin tener que depender directamente del trabajo de otros es lo mío, pero definitivamente nadie se hace rico de ello.
Esto no es una queja, realmente me di cuenta que el año pasado tuvo un balance de bastante felicidad y acomodamiento en el mundo. El problema ahora es darme cuenta que para mantener las obsesiones superfluas necesito capital, del que sólo podré abastecerme si trabajara en algo que odiase. Digamos que es de esas pequeñas pesadillas materialistas en las que uno cae en pleno domingo, pero debo decir que esas mismas obsesiones superfluas ayudan a evadir el problema.
Así seguiré cayendo en una espiral. Las espirales no son malas... como lo muestran los ojos de un hipnotizador.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Yo no olvido al año viejo...
porque todavía no termina.
Mañana diremos todos 2011 ¿qué? y el pobrecito se irá sollozando esperando que lo llamemos por teléfono.
No seamos malitos y mínimo dediquémosle unos segundos de ojos cerrados y nube de recuerdos flotando en nuestra cabeza.
Levanten las copas llenas de champaña (o coca-cola) y digamos ¡Salud!
Mañana diremos todos 2011 ¿qué? y el pobrecito se irá sollozando esperando que lo llamemos por teléfono.
No seamos malitos y mínimo dediquémosle unos segundos de ojos cerrados y nube de recuerdos flotando en nuestra cabeza.
Levanten las copas llenas de champaña (o coca-cola) y digamos ¡Salud!
martes, 27 de diciembre de 2011
Trozos.
Recuentos del 2011.
Cambié de estado civil e hice mi primer viaje a otro continente, un viaje corto, improvisado y lleno de caminatas sin un gps por el olvido/descuido de contratar un plan de datos adecuado.
Conocí Londres y París.
Aprendí que los londinenses aman dos actividades: correr y leer.
Nosotros caminábamos con dientes castañeantes, o corrijo, yo caminaba con dientes castañeantes a causa de mi aclimatamiento a mi pueblo semitropical y éramos rebasados por corredores entusiastas en pequeños shorcitos y playeritas de tirantes que a pesar de su piel enrojecida corrían a paso veloz.En el metro compartíamos audífonos mientras la mayoría sostenía un libro, una tableta electrónica o en el menor de los casos un teléfono lleno de letras.
En París conocimos el que pensamos es el típico olor de los franceses, a decir verdad sólo en 3 ó 4 personas, una mezcla de alcohol, queso, vinagre y fruta. Un mesero nos trató con ruda cortesía y cuando el desánimo de la ciudad luz llegaba un señor afuera del cementerio de Montparnasse nos enseñó que siempre hay gente buena (hora de sacar los pañuelos y secar una lágrima pequeña).
Las crepas de nutella y Notre-Dame no podían desilusionar, eso sí.
Los viajes se viven mucho y se cuentan más pero a veces es mejor hacer un pequeño collage a modo de resumen para los oyentes o se pierde el público. Eso digo.
Yo quisiera decir que me siento diferente a los 31, porque sí, también fue mi cumpleaños.
Me siento más, pero más Frida, son esos pedazos de vida que se le van pegando a uno.
Me queda esperar el año 2012, que a decir verdad me parece un buen número, me gusta, cosa que no me pasaba con el 2011 y aún así fue bueno.
2012 acá te espero, trataré de no fallarte.
viernes, 28 de octubre de 2011
Frida 1 - 0 vejez.
Anoche me sentí de 22 años otra vez.
La sensación duró segundos pero fue tan intensa que de recordarlo podría llorar, una lágrima nada más, nada salada porque la melcocha acumulada a esa edad es tanta que podríamos hacer Coca-Colas.
Las haría en botella de vidrio, para efectos bohemios pero la realidad es que a mi me tocó la revolución de la botella de vidrio de 1 litro, aquella grandota y sin forma que comenzaba a levantar la ceja de los expertos en nutrición.
Hoy nada podrá ponerme triste, ni la devaluación, ni los resfriados, ni el alcohol (para recordar una canción del Tri, palomita a la memoria asociada) porque las voces de Jarvis Cocker, Richard Hawley y Brett Anderson acompañan los saltitos de una que desafía los treintas para decirle que al menos hoy no la vencieron.
La sensación duró segundos pero fue tan intensa que de recordarlo podría llorar, una lágrima nada más, nada salada porque la melcocha acumulada a esa edad es tanta que podríamos hacer Coca-Colas.
Las haría en botella de vidrio, para efectos bohemios pero la realidad es que a mi me tocó la revolución de la botella de vidrio de 1 litro, aquella grandota y sin forma que comenzaba a levantar la ceja de los expertos en nutrición.
Hoy nada podrá ponerme triste, ni la devaluación, ni los resfriados, ni el alcohol (para recordar una canción del Tri, palomita a la memoria asociada) porque las voces de Jarvis Cocker, Richard Hawley y Brett Anderson acompañan los saltitos de una que desafía los treintas para decirle que al menos hoy no la vencieron.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Hubo una chica con ínfulas afrancesadas que cambió su nombre a Yilet.
*
Rellenó su colchón de paja y soñó que le faltaba un corazón, iba en búsqueda de un mago que le diera solución.
*
Chicle sabor de la derrota vs. chicle sabor algodón de azúcar.
*
Tomar 2.5 lts. de agua al día guardados en cántaros de agua, que no vayan tanto al pozo eso sí.
*
Rellenó su colchón de paja y soñó que le faltaba un corazón, iba en búsqueda de un mago que le diera solución.
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Chicle sabor de la derrota vs. chicle sabor algodón de azúcar.
*
Tomar 2.5 lts. de agua al día guardados en cántaros de agua, que no vayan tanto al pozo eso sí.
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