lunes, 26 de enero de 2015

Boyhood

Richard Linkater repite la fórmula de contar una historia en tiempo real. La infancia que se abandona a los 18 años ocurre con mayor claridad para el público estadounidense, porque vamos, en sociedades como la nuestra los hijos podrán tener 30 años y seguir viviendo con los papás.
Esperar 12 años para filmar el envejecimiento natural de los actores (mucho más impactante en los niños) resulta interesante como ejercicio, aunque desde mi punto de vista no aporta mucho a la historia. Pero se aplica el dicho (medio violento) de que "quien pega primero, pega más fuerte".
Bonita pero quizá no para todos los gustos, si odian las películas donde parece que "no sucede nada" quizá deba pasarla de largo. Si son de biorritmo lento y vouyerista de vidas ajenas para apropiárselas como yo, quizá la disfrute.
Lo más rescatable, aparte de ver crecer a los niños son las actuaciones moderadas y por lo mismo nada fáciles de lograr. Mi favorita: Patricia Arquette.
Yo quiero ser los colmillitos de Patricia Arquette.
Y ya, fin.

sábado, 11 de mayo de 2013

9 meses que no se pasan volando.

Leía un blog donde alguien compartía su recuerdo de un niño inglés con papada hablando sobre un libro. Ese acto de nostalgia robada me hizo saltar a otro blog que me tenía entre sus ligas de interés (old fashioned) y  en la columna derecha un letrero pequeño con una etiqueta de 9 meses me recordaba que ingratamente he ido desintegrando lo que a mis 22 era lo mejor que me podía pasar.

En un par de semanas tendré que ir a Barcelona, y esa pequeña connotación de obligación siempre se lleva al traste toda mi personalidad. El miedo al compromiso y una posterior decepción. Debí nacer para poder hacer lo que quiera sin preocuparme, pero algo se torció en el camino y así soy ahora. Me iré con miedo y un poco de ilusión. Quizá me queden unos días para volver a París, aún no lo sé. Engaño para turistas bobos o no me da una ilusión. Un bálsamo de pequeño poder ante la obligación.

Detesto las obligaciones, debo confesar y además he olvidado cómo hacía para andar por acá dejando párrafos y párrafos de preocupaciones y simplezas, esas que muy bien se me dan.

jueves, 26 de julio de 2012

No a los años acumulados.

Qué feo estar en los treintas y escuchar a veinteañeros quejarse de su vejez. Es tiempo de reflexionarlo y actuar en favor de aquellos en los cuarentas que se topen con mis desventuras y quejas de las primeras canas.

Quiero detener mi tiempo y ver cualquier versión de Spider-man y sentirme tan joven como Peter Parker, el nerd, el recatado skato y el fuerte, como la actriz Mary Jane o la inteligente Gwen. Creo que nadie quiere sentirse identificado con la tía May, quizá si fuese Meryl Streep quien en todo caso anhelaré en tacones y moda como en The devil wears Prada, o mejor aún con una cara envidiable y acorde a su edad con una familia y una cafetería de ensueño en It's complicated.

Pero querida hermana, me digo, la vida no es una película. La vida es aquello que sucede mientras esperas el siguiente estreno de la película que haga distraerte de ese reloj de arena que amenaza con vaciarse. O no, no es tan simple, no es tan triste y/o no es tan fatídico aunque sí inevitable.

Qué se yo. Hoy iré a una premiere y quizá desee ser Catwoman, de la que no sé su edad. Anne Hathaway puede esperarme tantito sin botox aunque con su dieta macrobiótica para decir, vamos me veo más joven que tú y yo diré, nah, todas se quitan la edad.



viernes, 8 de junio de 2012

Yo negaba que mi color favorito seguía siendo el morado.


Era no dejar la adolescencia. El rojo es común, el amarillo empalidece. Negro para esa adolescente que aún sigue en mi. La que se acurruca en época de frío y ciertos días duerme sin soñar hasta que los párpados se hacen tan gordos que permanecer con los ojos abiertos es la consecuencia.

Hablar de otra persona y disfrazarla de uno. O disfrazarse y fingir que la historia no es mía.

Me gusta el morado y los colores de moda, teal le dicen. Entre azul y buenas noches.

Quiero un piso de madera o la cerámica que lo imita. La imitación de materiales no es lo más elegante del mundo, pero este es tan bonito y tan resistente que llama el lado de señora en cocina con la confianza de derramar agua sobre él sin que se hinche.

Terminé el libro ya no tan de moda, ese de los hombres que no amaban a las mujeres que usaban cerillas sobre bidones de gasolina y no se qué más. Caí en el cliché de amar a Lisbeth y Mikael, ay tan simplista. 

La complejidad es un concepto que no manejo muy bien. Lo complejo me provoca sueño y retorno a la inmadurez.

El color favorito no ha cambiado.

jueves, 31 de mayo de 2012

Fuimos.

Yo digo que quiero esto más simple. Fondo blanco, letras negras y más cosas que decir.

Yo digo que sí se puede.

La cosa es que las ganas duran lo mismo que el precio de la gasolina. Las ganas varían y los chistes empeoran.

Al fin vi a Sir Paul, y cantamos y lloramos y conocimos Guadalajara que nos recibió con los brazos abiertos y mucho sol.

Podría contar que mis pies quedaron morenos en algunos pedazos. Eso qué.

También podría decir que JAM se quedó triste por la media hora que tuvimos para conocer Tlaquepaque. Ya habrá otra ocasión, le dije y después le di un sorbo al tejuino que acababa de comprar.

Yo quiero creer que Paul le llora a su amigo John. Quizá lo tenga ensayado, yo que sé, me inventaré mi historia y formaré mis propios recuerdos. Ya lo he hecho.

Yo digo que quiero fuegos artificiales, como esos que me alegraron el corazón cuando le llegó el momento a Live and let die.