domingo, 9 de noviembre de 2003

Vanina solía fumar sentada en el balcón

hasta que la lluvia de octubre la aventaba descalza y en saltos chicos al interior de la casa.
Sin ecos solitarios.
Con respuestas y sombra añadida.
El par perdido.

Siempre juraste que
un día no ibas a volver,
porque ya juntos no había nada
más qué hacer...


Presente. Se levanta en busca del murmullo citadino.

Voces revolcándose en torbellino ascendente: tobillos » cabello.

Luces primeras que alumbren la tarde moribunda.

Ideas rancias aligeradas por el viento.


Vanina busca cura al recuerdo. El juramento es. El dolor supura.


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house LE. Enrique Norten.
Sábanas revueltas.


Esta es hora de dormir.
Cuando los ojos arden y el alma vaga.

Se acompaña por el ritmo de unas aspas ventiladoras
ansiosas de un frío que en este valle sur llegará vacilando.

Estaciones tímidas y frágiles, aferradas a un eterno sopor.

El insomnio busca compás, unas notas sin silencios,
los monstruos cuestionadores y anhelantes se crean
cuando el exterior calla.

No hay ferocidad ni rabia salvadora.

Sólo piel que aúlla y suda fría.
Es invierno de sal.

Noviembre que envidia celebrar solsticios bajo cero .
Se le pide calma.

¿Y al sueño?

A ése, ni una palabra.

Esta vez no es aliado.

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viernes, 7 de noviembre de 2003

Como la rabia de amar.


...Alegría

Escuchando Alegría del cirque du soleil confundí la letra de la canción,

Frase correcta: la rabia de amar,

Frase mal escuchada: la rabia del mar.

Alegría al escuchar correctamente.

A pesar de vivir a dos horas y media de uno de los puertos más conocidos en el país, mi relación con el mar es escasa, pero no me quejo, no soy mujer de océano ni sal,

Yo quiero ser tierra y especias, olor y sabor, ambiente cristalizado, cielos deslavados y árboles llenos de hojas y tonos.

¿La rabia?
Definitivamente la prefiero en el amor.


Alegría
Come un lampo di vita
Alegría
Come un passo gridar
Alegría
Del delittuoso grido
Bella ruggente pena, seren

Come la rabbia di amar

Alegría
Come un assalto di gioia

lunes, 3 de noviembre de 2003

Ve estos colores y sentirás.

Alguna vez se tomaron clases de pintura con un hombre llamado Mario,
alguna vez ese Mario exclamó: “no hay como los colores del cielo”.
Un alumno presente con un nombre común pensó que esa era la frase más predecible que había escuchado en su vida.

Tiempo después ese alumno recordó la frase y le dio la razón a Mario.
Calificó a la visión de su exprofesor como poética.
se preguntó si era el adjetivo adecuado.

En medio de su ciudad-valle rodeado de cerros miró el cielo común y se unió a él,
Sintió el revoltijo del azul, el naranja, el rojo, el blanco y el negro de un mes llamado noviembre.

Vio una montaña azul, y rescató entre sus neuronas una línea escuchada años atrás: “El azul es el verde que se aleja”...

Un anuncio de coca cola expresaba el daltonismo o el poco sentido de una combinación decente que profesaba el electricista que lo había instalado horas atrás.
Un reconocible blanco y rojo acompaña unas letras señalando un servicio de baños y regaderas, una luz neón rosa enmarcaba el cuadro luminoso. ¿Rojo y rosa? juntos jamás.

El alumno con nombre e ideas comunes los miraba, cielo y anuncio de luz.

En voz alta -“Los colores son dictadores de mis emociones”- dijo.

En un balcón vecino una mujer que no fue nombrada en el relato sino hasta el final le sonrió.

Y la filosofía cromática de un ex aspirante pictórico con nombre común... se fue al carajo.